El “Ser Nacional” contra el globalismo.
La filosofía nacional y el “panteón de pensadores nacionales y latinoamericanos”.
Un lectura en clave nacional de las obras de Carlos Astrada y Rodolfo Kusch
Por Juan Godoy*
“Son las nuevas formas de colonización cultural. No nos olvidemos que los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política”. (Papa Francisco)
Advertía el General Juan Domingo Perón en su trabajo póstumo que “la historia grande de Latinoamérica, de la que formamos parte, exige a los argentinos que vuelvan ya los ojos a su patria, que dejen de solicitar servilmente la aprobación del europeo cada vez que se crea una obra de arte o se concibe una teoría (…) si nuestra sociedad desea preservar su identidad en la etapa universalista que se avecina, deberá conformar y consolidar una arraigada cultura nacional”. La misma, en la lógica de Juan José Hernández Arregui, resulta la base de la identidad de nuestro pueblo, al mismo tiempo que pilar en la conformación y fortalecimiento del “ser nacional”. Así, la reflexión sobre el mismo, y la conformación de una filosofía nacional se revela fundamental.
Fernando Delfino Polo se dio a la tarea profunda y valiente de indagar en los fundamentos ontológicos del ser nacional a través de grandes pensadores del siglo XX: Carlos Astrada y Rodolfo Kusch. Decimos tarea valiente en tanto, como bien da cuenta y resalta el mismo en el comienzo de su trabajo, todavía continúa la discusión sobre la existencia de una filosofía nacional.
Decimos estos porque los “círculos académicos” siguen rechazando y cuando no censurando lo que se piensa con “fe nacional”, continúan como decía Jorge Abelardo Ramos pidiéndole permiso a Europa para abrir un libro nacional. Pero Delfino Polo no escribe para salir en la contratapa del Diario La Nación, en los programas culturales, de streaming, rellenar su CV académico o para obtener una beca, escribe porque siente un deber patriótico con la urgencia de ver cómo la Patria se desangra, lo hace como un “hijo más” formado por y gracias al pueblo argentino (en el sistema de educación público tan vilipendiado en estos últimos tiempos), observando en este marco que la primera de las crisis es justamente la ontológica y la última la económica tal cual lo indica Fermín Chávez. Es la crisis de ese “ser nacional” desde la cual se desencadenan todas las demás.
Si en otras horas infames que cristalizaron los tangos de Discépolo o los escritos del periodista tucumano José Luis Torres, Leopoldo Lugones reclamaba “ojos mejores para ver la Patria” o los forjistas la necesidad de enfrentar los problemas argentinos con un criterio nacional, no resulta casual que en el presente Delfino Polo nos ofrende esta obra que procura ser parte de la conformación de lo que Alcira Argumedo ya en los años de las “cátedras nacionales” conceptualizó como una matriz de pensamiento propia (nacional-latinoamericana), que contribuya como tal a construir una epistemología para y desde la periferia.
A lo largo de su trabajo el Licenciado en Filosofía Delfino Polo se enfrenta a quienes piensan a contrapelo de las necesidades nacionales, a esos que miran a través de “anteojeras extranjeras” como apuntó Martí en Nuestra América. El autor no conforma entonces parte de esa intelligentizia que tan bien abordó y describió Jauretche, elabora su pensamiento partiendo de la realidad, no es un pensador en su “torre de marfil”, sino está entrelazado con las luchas del pueblo argentino, enalteciendo las dos aristas: la de pensador y la de militante político. Trabaja, transita las “librerías de viejo”, las movilizaciones populares y las aulas, a la vez que usa tinta y papel, sin escindir una tarea de la otra. Partir de la realidad es un imperativo en los países coloniales y semi-coloniales como bien mostraron muchos como los bolivianos Sergio Almaraz Paz o Augusto Céspedes o bien el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre. Se trata de razonar a partir de la realidad, y no especular a partir de la razón. Hay una lectura disonante de la matriz iluminista que tanto penetró en la conformación del pensamiento colonial y en los claustros.
No queremos extendernos en el análisis y abordaje del contenido del libro, ya que para eso está el mismo, pretendemos aquí enmarcarlo a la vez que invitar a su lectura. Una lectura que resulta amena, ya que el autor explica y desarrolla contenidos y discusiones filosóficas complejas en forma sencilla, escribe para que lo entiendan todos sin perder rigurosidad. No obstante lo que señalamos, reflexionamos sobre algunas aristas que no queremos dejar de destacar.
Como se puede observar en lo que escribimos (hasta aquí y también se verá en lo que sigue), referimos a varios pensadores nacionales-latinoamericanos, no resulta casual ya que al leer profundamente el libro pensamos que el autor enmarca a los pensadores con los cuales trabaja en esa tradición de pensamiento. Consideramos que esta lectura resulta interesante, ya que si bien la figura de Carlos Astrada ya ha sido incorporada al “panteón de pensadores nacionales-latinoamericanos”, y abordado por varios como uno de los más grandes filósofos nacionales como viene demostrando, entre otros, Martín Prestía con su gran labor (quizás su participación y vínculos con el Congreso de Filosofía del 49, a la noción de comunidad organizada y al peronismo hayan contribuido a esto), con la figura de Rodolfo Kusch no resulta tan claro ese lugar, ya que mayormente quienes han tratado al mismo no lo enfocaron o enmarcaron en esa tradición de pensamiento. Si bien se lo ha estudiado mucho en el último tiempo, mayormente no se lo hizo desde una perspectiva nacional.
En relación a este último, mayormente se ha abordado desde una perspectiva ligada al pensamiento decolonial. Desde la tradición nacional-latinoamericana (¿o debiéramos decir ya nacional-hispanoamericana o nacional-iberoamericana?) observamos que esa matriz de pensamiento no remite a una perspectiva nacional, sino más bien se liga mayormente a parte de lo que podemos enmarcar como parte de una matriz ajena a la misma.
Así damos cuenta de la originalidad de la perspectiva que asume el trabajo “Carlos Astrada y Rodolfo Kusch en busca del ser americano y su crítica”, ya que su autor se vale para incorporar a este último al “panteón de pensadores nacionales-latinoamericanos” del análisis de la recepción y crítica de la obra de Carlos Astrada en la de Rodolfo Kusch. Aborda así de uno de los grandes filósofos nacionales para demostrar a través del análisis por parte del escritor de “Indios, Porteños y Dioses” de la obra del autor de ”El mito gaucho”, cómo Kusch tiene una lectura de la ontología de Astrada (su maestro), que la complementa desde el mestizaje (alejándose asimismo de las lecturas indigenistas y progresistas -algunas hasta caricaturizadas- que han atiborrado y disminuido el pensamiento de Kusch), característica distintiva de nuestro continente, esa “raza cósmica” que escribió el mexicano José Vasconcelos.
El mestizaje es una clave en el análisis que realiza Delfino Polo. Ahí entronca con el pensamiento de Amelia Podetti en tanto “la irrupción de América en la historia”, que trajo esa vocación de síntesis, esa trasmutación de tradiciones culturales diversas, ese vínculo entre lo particular y lo universal. Cuestión analizada también, y aquí encontramos a una pensadora nacional que observó anteriormente a Kusch como lo hace Defino Polo, referimos a Graciela Maturo quien afirma que quien no es mestizo étnico en Nuestra América lo es en el sentido cultural, entendiendo desde ahí que “el miedo a ser americano de que nos hablaba Rodolfo Kusch será así revertido en el orgullo de la identidad latinoamericana, humanista e integradora, abierta al mundo en la etapa definitiva económica, cultural y política”.
El trabajo realizado por Delfino Polo es profundo, recorre obras de Astrada como “El Mito Gaucho” y “Tierra y Figura”, entre otros. Recorre asimismo el concepto central de “estar” en las obras: “América profunda”, “Indios, porteños y dioses”, “De la mala vida porteña”, “El pensamiento indígena en América”, “La negación en el pensamiento popular”, en la exposición para el II Congreso Nacional de Filosofía de 1971 en la que incluye “Geocultura del hombre americano”. Indaga por ejemplo cómo Kusch trabaja los conceptos astradianos en “La seducción de la barbarie. Análisis herético de un continente mestizo”. Observa también el contexto y vinculaciones de Astrada con pensadores como Scalabrini Ortiz, Ramón Doll, Carlos Ibarguren, Coriolano Alberini, Luis Juan Guerrero o Saúl Taborda. Considera que el camino que emprende Kusch con la lectura de la obra de Astrada (donde en sus primeros años/obras son los más apegados al maestro cordobés), lo lleva a cuestionar a toda la filosofía occidental en su conjunto. Nos dice Delfino Polo: “efectivamente, tanto Astrada como Kusch se apropiaron de la terminología filosófica europea de su tiempo en pos de desarrollar un pensamiento filosófico propio que describa la particular forma de ser del existente argentino y latinoamericano”.
El libro con su reivindicación de la filosofía nacional, con su lectura en clave nacional de dos obras filosóficas, con la lectura de las ontologías de Astrada y Kusch, y su reivindicación de la conformación y fortalecimiento del Ser Nacional resulta un planteo contra la globalización o el globalismo (y sus instituciones formales y no formales que penetran sutilmente como observó el boliviano Andrés Solíz Rada), lo que nos remite en esta hora al pensamiento del gran líder político y espiritual de las periferias del Siglo XXI que criticó profundamente el globalismo, el argentino universal más importante de nuestra historia que predicó con la palabra y el ejemplo, el papa jesuita del fin del mundo, que puso en el “centro” la voz y las problemáticas de los oprimidos del mundo: el Papa Francisco.
No resulta casual ni caprichosa la mención a Francisco, ya que en el pensamiento del mismo podemos encontrar justamente la reivindicación de las “particularidades nacionales”, la “cultura de los pueblos”, las “tradiciones culturales propias” como asimismo la conformación de un “pensamiento propio” y una crítica profunda a la globalización como esfera y no como “poliedro” (la unidad en la diversidad entendiendo también que “el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas” y que “la unidad prevalece sobre el conflicto”). No es casual tampoco la mención porque Francisco, en cuyo pensamiento anidan entre otras influencias desde ya, como muestra el excelente trabajo de Massimo Borghesi, varios pensadores nacionales como Amelia Podetti, Alberto Methol Ferré, como la teología del Pueblo y las figuras de Lucio Gera o Juan Carlos Scannone, entre otros, como también ha referido constantemente a quien nos interesa particularmente aquí: Rodolfo Kusch.
Decía Francisco sobre Kusch hace poco tiempo en una entrevista: “hay un filósofo argentino, Rodolfo Kusch, que es el que mejor captó lo que es un pueblo. Como sé que me van a escuchar, recomiendo la lectura de Kusch. Es uno de los grandes cerebros argentinos Tiene libros sobre la filosofía del pueblo. En parte, esto es lo que vivió la iglesia latinoamericana, aunque tuvo conatos de ideologización, como el instrumento de análisis marxista de la realidad para la Teología de la Liberación. Fue una instrumentalización ideológica, un camino de liberación – digamos así – de la iglesia popular latinoamericana. Pero una cosa son los pueblos y otra son los populismos”. Esto vale para quienes niegan la importancia de la filosofía y pensamiento nacional. No resulta menor que el argentino universal más importante de nuestra historia y voz resonante en el mundo en este primer cuarto de siglo haya rescatado esta tradición que mayormente es negada por las “elites intelectuales”.
Por último, queremos destacar dos fragmentos que escribe Fernando Delfino Polo que en un punto actúan como síntesis de lo tratado en el libro en tanto afirma que “la originalidad de sus planteos –el de ambos– no radica en una supuesta creación sui generis de categorías filosóficas sino en el afán de pensar lo propio”. Y en otro sostiene en la misma línea de argumentación: “sin un Astrada que pensó en el ser auténtico argentino pampeano tal vez no habría un Kusch que criticó la autenticidad de ese ser describiendo al mestizo del mundo andino y al porteño”.
Con estas palabras y últimos fragmentos invitamos a los lectores a sumergirse en la primera obra (esperamos de muchas otras) de Fernando Delfino Polo que consideramos debiera constituirse en referencia tanto de los lectores y escritores que trabajan con la obra de estos dos grandes filósofos nacionales como del público que quiere adentrarse en el maravilloso mundo de quienes tuvieron el valor de pensar en clave nacional, no como un regocijo intelectual, sino para ser parte de la larga lucha del pueblo argentino por la conformación y fortalecimiento de la conciencia nacional en función de la emancipación de la Patria.
Abril de 2025
* Sociólogo (UBA). Doctor en Comunicación Social (UNLP). Magister y Especialista en Metodología de la Investigación (UNLa). Profesor de Sociología (UBA). Ha sido docente de grado y posgrado en diferentes universidades nacionales. Director de la Especialización en Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa). Director de la Revista Contrafilo. Autor de “La FORJA del nacionalismo popular”, “Volver a las fuentes”, “La brasa ardiente contra la cuádruple infamia”, “Nación, Fuerzas Armadas y dependencia”. Co-autor de “Las Malvinas argentinas y Suramericanas”. Autor de más de doscientos artículos acerca de Pensamiento Nacional-Latinoamericano e Historia Argentina. Ha dictado decenas de cursos en todo el país vinculados a las mismas temáticas.


