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La Patria, el individuo y la comunidad.

Una verdad peronista en perspectiva presente

Por Juan Godoy

“no estaría yo en esta tribuna si nuestra causa no tuviera  un interés nacional mucho más valioso que la suma de todos los intereses individuales (…) ¡Ah, señores, me parece oír cómo las osamentas de nuestros antepasados crujen en sus tumbas! Sus bocas desdentadas se abren para gritarnos: “¡La Patria está en peligro!”. (Leopoldo Marechal – Adán Buenos Aires)

 

Los Compañeros de Atilra me convocan a que reflexione sobre la verdad peronista número ocho que dice "en la acción política la escala de valores de todo peronista es la siguiente: Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres". La convocatoria no puede resultar a mi entender más pertinente en el contexto político actual, sobre todo por dos cuestiones: primero por la pregunta acerca del por qué LLA llegó al poder y las dificultades para enfrentar un ajuste que en su profundidad no tiene precedentes en nuestra historia, en tanto una de las claves en la respuesta (no la única desde ya), se vincula a la falta de dirigentes políticos fundamentalmente (pululan muchos "dirigentes" que no dirigen a nadie), y ligado a eso la desorganización del movimiento nacional, sumado a los egos personales que dieron vuelta esta verdad peronista entendiendo que primero estaban los hombres y sus intereses personales y mezquinos, luego el movimiento pero respondiendo a esos intereses particulares y  muy lejana o ausente quedó la Patria, debilitando la unidad nacional en función de sí mismos. En los últimos años muchas veces se pregona la comunidad pero se practica el  más crudo individualismo, no se es coherente entre lo que se dice y se hace, no se predica con el ejemplo, y ahí también hay un punto para comprender lo que expresaron las urnas. 

Segundo, y como contracara porque consideramos volver a poner en el centro de la Doctrina Peronista, en tanto en la misma encontramos las claves para enfrentar al gobierno y las políticas libertarias, al mismo tiempo que encontrar soluciones a nuestras problemáticas. En este punto, vale destacar el movimiento obrero organizado tiene una tarea (que ya comenzó), fundamental y trascendente como lo es resguardar los intereses de los sectores trabajadores, en este sentido, y sumando a la visión absolutamente colonial, y subordinada a los intereses foráneos de la administración de gobierno, que resulta lo diametralmente opuesto a los principios y valores que supimos construir a lo largo de estos más de doscientos años como nación (esta es la cuestión central que manifiesta el peligro que constituyen las políticas de gobierno y el ideario que las sustenta), la tarea consiste en salvar los intereses nacionales.

Volviendo con la “verdad peronista” que nos convoca, consideramos que en esta frase se entrecruzan varias cuestiones vinculadas a la construcción doctrinaria y el ideario peronista. En primer lugar me interesa reflexionar en torno a que en la frase se refleja la Patria valor supremo, como herencia, responsabilidad y construcción.  En este sentido, pensamos que se trata de la construcción de una Patria que sea independiente en términos económicos, soberana políticamente y que cobije a todos los compatriotas, los cubra con el manto de la justicia social. 

Esta idea de Patria traza una línea divisoria contra la tradición iluminista, no se trata de una idea abstracta, vacía, sino que tiene una dimensión concreta, el territorio y los compatriotas. Esta noción de Patria ineludiblemente viene unida al Pueblo. Decía Perón en sus años de exilio “Yo considero la patria a nuestros hermanos Argentinos, no  a las vacas, ni a las casas, ni a los campos. Y a los que sean enemigos de ese pueblo, son nuestro principal enemigo (…) No es otro el enemigo del pueblo, y en consecuencia de la Argentina que la oligarquía que lo ha sometido, coaligada con imperialismo foráneo que le ha prestado el apoyo y ha sido el sostén de esa oligarquía por años”.

La Patria en esta concepción también implica un vínculo espiritual entre las diferentes generaciones en virtud de una construcción y conciencia común. Aparece un destino colectivo que trasciende tanto lo individual como el presente. Hay que asumir la tarea de construcción con espíritu solidario. Recordemos el espíritu humanista y cristiano de nuestro movimiento.

Otra cuestión a tomar en cuenta es que Perón piensa en anteponer esos valores e intereses colectivos sobre los individuales. Dejar de lado la concepción “gallinácea” de la política que mira hacía abajo, a lo chiquito, que pone sus intereses por encima de los del movimiento y la Patria. Entendiendo también que si lo mejor que tenemos es el pueblo, y ese pueblo como decíamos es la Patria, los intereses del movimiento no pueden estar por encima de esta última. El movimiento debe ser reflejo de los intereses nacionales y apuntar a encontrar soluciones propias a las problemáticas nacionales. Ese movimiento es construido por las organizaciones libres del pueblo.

En este marco, los individuos aislados, sin ningún tipo de cohesión, intereses comunes y/o creencias similares no pueden constituir un pueblo ni una comunidad. Perón piensa y pone en el centro las organización, toda su vida le dedicó grandes esfuerzos a la misma en tanto entendía que no se podía conducir lo que no estaba organizado. Así, en el ideario peronista ocupa un lugar central la construcción y fortalecimiento de una comunidad organizada, basada en los principios de la solidaridad y el amor fraterno. Romper tanto con el individualismo que hablábamos como con el colectivismo que no deja lugar a la expresión de la conciencia individual. Se trata de la armonía entre el individuo y lo colectivo, en tanto la comunidad organizada “sólo puede realizarse en la medida que se realice cada uno de los ciudadanos que la integran”, y asimismo “el tránsito del yo al nosotros no se opera meteóricamente como un exterminio de las individualidades, sino como una reafirmación de éstas en función colectiva”.

También es un llamado a la unidad nacional, a tender puentes, en tanto deponer intereses particulares por los generales como nación. Vale destacar aquí que en esta articulación (y orden), entre estos elementos la ética y la moral deben atravesar la práctica política de todos los integrantes del movimiento.

            Para finalizar, recordamos que el General José de San Martín afirmaba que cuando la Patria estaba en peligro todo está permitido excepto no defenderla, y Jauretche en el 55 remarcaba que “no se trataba de combatir por un gobierno, ni por un partido. Se trataba de combatir por la Nación misma. Combatir contra la restauración de la oligarquía y el coloniaje… Por la defensa de los trabajadores y sus organizaciones gremiales. Por el pan de los argentinos…” tomando en cuenta esta sentencia sanmartiniana, la advertencia jauretcheana y enmarcándola en esta “verdad peronista” advertimos que el movimiento obrero organizado, uno de los pocos pilares de esa Gran Argentina que se mantiene en pie, debe ser protagonista y barrera de contención de las políticas que atenten contra el interés de los trabajadores que para nosotros son los intereses nacionales, así como lo expresa Perón  “es necesario afirmar los sindicatos; es necesario apuntalar la C.G.T; es menester que todos los trabajadores de la Patria, en este inmenso movimiento sindical, terminen por establecer que en esta tierra los trabajadores son uno para todos y todos para uno. Y así unidos los sindicatos y el pueblo argentino, custodiaran y defenderán en el futuro sus reivindicaciones, y será el pueblo y los trabajadores, marchando del brazo por la ancha calle de la historia, quienes escribirán el último capítulo justicialista de esta querida Patria argentina”.

 

 

* Sociólogo (UBA). Doctor en Comunicación Social (UNLP). Magister y Especialista en Metodología de la Investigación (UNLa). Profesor de Sociología (UBA). Director de la especialización en “Pensamiento Nacional-latinoamericano del Siglo XX” (UNLa). Docente universitario de grado y posgrado. Autor de libros como “La FORJA del nacionalismo popular”, “Volver a las fuentes. Apuntes para una historia y sociología en perspectiva nacional”, “La brasa ardiente contra la cuádruple infamia”, “Nación, Fuerzas Armadas y dependencia” y de más de trescientos artículos vinculados al pensamiento nacional y el revisionismo histórico. A dictado más de doscientas conferencias en relación a las mismas temáticas.

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El individualismo acérrimo es un pilar en el liberalismo y también en el neoliberalismo. En este marco, se favorece a las empresas transnacionales que sueñan con la desaparición del estado-nación para imponer su interés, su “forma de vida”, no tener controles, y acrecentar sus ganancias.

Este esquema de pensamiento que penetra (lamentablemente) a propios y ajenos resulta fundamental dejar de lado el sentido de la trascendencia en los sujetos, así lo único que importa es el hoy y la satisfacción de los placeres individuales del presente. Los lazos sociales se debilitan al tiempo que la moral que cohesiona a la comunidad se relativiza.

Nos interesa traer el pensamiento de Guillermo Furlong quien considera que la Patria no se limita al territorio, sino que también es “el vínculo sucesivo de la tradición histórica y el vínculo simultáneo de la unidad espiritual”, la ligazón entre las generaciones y los hombres de un territorio en común que se unen en hermandad, y profundizando aún más en el concepto afirma que la Patria es “aquello que, en el planeta que todos habitamos y en la historia que todos diariamente tejemos, tiene una misión, le está señalado un destino, configura una empresa colectiva”. Es la unión entre el pasado, el presente y el porvenir. Y esa unión se cimenta a partir hacer más fuerte una conciencia común en torno a un destino trascendental. Todos como parte de una misma historia nacional con algo para aportar a la misma.

Así los individuos que nacen en nuestro territorio tienen un destino que se liga a la comunidad nacional. Tienen algo para contribuir a la misma. Los individuos se realizan en comunidad, no lo pueden hacer por fuera de ésta. Es por ello que si se elimina de la conciencia de los sujetos el ser parte de un proyecto y un destino colectivo, la comunidad nacional tiende a debilitarse y cuando no a desaparecer. Si no existe una misión en vinculación a una empresa colectiva no se encuentra fundamento que apunte permanecer unidos. Puesto que como remarca Furlong “no olvidemos que un pueblo si no posee sentimientos comunes, intereses idénticos, creencias semejantes, no pasará de ser una polvareda de individuos sin cohesión, sin duración y sin fuerza”.

Jorge Bergoglio, al igual que Furlong encuadrado en la tradición jesuita, durante el Te Deum que coincide con el Bicentenario de la Revolución de Mayo toma de un Mensaje de la Conferencia Episcopal la idea que ”la Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo”. Esa es la misión que debemos asumir con espíritu solidario.  En el mismo sentido, ya siendo Papa en Bolivia, Francisco insiste en que el “arraigo al barrio, a la tierra, al oficio, al gremio, ese reconocerse en el rostro del otro, esa proximidad del día a día, con sus miserias porque las hay, las tenemos y sus heroísmos cotidianos, es lo que permite ejercer el mandato del amor, no a partir de ideas o conceptos sino a partir del encuentro genuino entre personas, necesitamos instaurar esta cultura del encuentro porque ni los conceptos ni las ideas se aman; se aman las personas”.

Por su parte, para el pensador nacional Juan José Hernández Arregui, quien piensa la nación en términos de la Patria Grande, el espacio hispanoamericano existe no obstante lo cual “Hispanoamérica no es puro espacio. El mero espacio es privación. Y aunque la comprensión de nuestra ubicación en el mapa es indispensable para predecir nuestro destino, el espacio como tal, es más bien la materia que resiste a las fuerzas dinámicas de la Cultura”. Pensar sólo en términos geográficos no nos permite dar cuenta de la “pata cultural”.

De esta forma, Hernández Arregui sostiene que el “ser espiritual” que nace de la cultura, crece en la tierra que le otorga sus medios de subsistencia, su poder económico. Resalta los lazos que tienden a la homogeneidad cultural, y la explotación de los recursos del territorio. Invoca la revalorización de la cultura autóctona, lo autóctono aquí como la percepción de una imagen colectiva primordial. El “ser nacional” articula la relación del hombre con la naturaleza y con el devenir histórico. La cultura propia es lo que define al “ser nacional” que emerge como comunidad no en tanto esencia, sino como creación del pueblo en movimiento. Relaciona lo nacional, con un acto, o más bien una cadena de actos: la voluntad colectiva, “y si el “ser nacional”, ahora despojado de sus velos abstractos, es afirmación y no negación, simultáneamente es conciencia anti-imperialista, voluntad de construir una nación”.

Consideramos que para pensar en un proyecto de liberación nacional hay que dejar de lado las abstracciones y partir de la realidad, pensar en la totalidad, buscar los puntos de coincidencia para la construcción de un proyecto nacional, encontrar la articulación con las demandas de las mayorías populares, y apuntalar las instituciones que son pilares de la Comunidad Organizada para que el individuo encuentre su realización en el marco de ésta, y que su destino se vincule a la construcción de la Patria. La Comunidad Organizada es el punto de partida para la nación. Romper la dependencia y construir una Patria soberana nuestra misión.

Para finalizar, tomamos a Juan Perón quien sintetizó en varios escritos y discursos la concepción de la Comunidad Organizada que “sólo puede realizarse en la medida que se realice cada uno de los ciudadanos que la integran”. Para dicha integración los individuos deben sentir como propia la comunidad e identificar sus intereses particulares con los que apunta la Patria. Y esa  comunidad no puede construirse “sin claridad de objetivos, sin base ideológica común que reúna a los hombres que sientan de una misma manera lo que consideran fundamental para el país”. A lo largo de nuestra historia se han ido construyendo los pilares donde asentar la comunidad nacional, está en nosotros retomar esos puntales y construir una Patria Libre, Justa y Soberana.

 

*Publicado originalmente en Revista Zoom

 

Bibliografía  

 

Bergoglio, Jorge. (2014). La Patria es un don, la Nación una tarea. Buenos Aires: Claretiana.

Francisco. (2015). Nuestro Papa. Nuestra América. Viaje por Ecuador, Bolivia y Paraguay. Buenos Aires: Chuquisaca editores.

Furlong, Guillermo. (1960). La Revolución de Mayo. Buenos Aires: Club de Lectores.

Hernández Arregui, Juan José. (1973). ¿Qué es el ser nacional?. Buenos Aires: Plus Ultra

Hernández Arregui, Juan José. (1973b). Imperialismo y cultura. Buenos Aires: Plus Ultra

Perón, Juan Domingo. (2012). Modelo Argentino para el proyecto nacional. Buenos Aires: Fabro.

El siguiente espacio busca realizar aportes a la construcción de una sociología e historia en clave nacional-popular y Latinoamericana, que contribuya a la liberación nacional

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