El General Manuel Savio y la independencia económica.
Acero y armas para la defensa de la soberanía nacional
Por Juan Godoy
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"La postguerra de este cataclismo económico-social, con su extraordinaria repercusión en todos los aspectos, plantea serios problemas que solamente podrán abordarse con sanas y robustas fuerzas morales y con adecuados medios materiales. Entre estos últimos se han de encontrar los que aseguren el trabajo para nuestros hombres y los que nos permitan defender, organizar y controlar, todo lo posible y por nosotros mismos, nuestra economía, en un grado que, sin significar de ninguna manera un aislamiento del concierto universal, concuerde más y bien con el ejercicio de la soberanía". (Manuel Savio)
Manuel Savio es uno de los representantes conspicuos de la línea nacional de nuestras Fuerzas Armadas que pugnan y ligan el desarrollo industrial a la independencia económica y por tanto a la soberanía nacional[1]. Ese desarrollo nacional ocupa sus días y noches, dedicando un profundo esfuerzo hasta sus últimos días. Para lograrlo se observan fundamentalmente dos pilares que recorren el pensamiento y la acción de Savio, a saber: el acero y las “fabricaciones militares”. Se interesa para este objetivo en formar y forjar una conciencia nacional-industrial en una generación militar. En este artículo nos interesa abordar sus ideas, proyectos y realizaciones, entrelazando los mismos con algunas cuestiones biográficas significativas en la conformación de su trayectoria profesional y personalidad.
Savio nace el 15 de marzo de 1892 en Buenos Aires, y egresa del Colegio Nacional Buenos Aires en 1908. Años en que el país se cristaliza como una semi-colonia británica en que se perpetúa el primitivismo agropecuario, donde gozan quienes se hacen de la renta agraria diferencial y el resto permanece en la miseria. Es justamente contra ese país contra el que va a batallar Savio. Hace su ingreso al Colegio Militar de la Nación con 17 años, del cual egresa como Subteniente en 1910. Tempranamente manifiesta su interés por la ingeniería, tan así que selecciona ese arma. También es católico y tiene una profunda fe religiosa. En diciembre de 1913 logra el grado de Teniente. Es decir, se forma en los primeros años posteriores a la modernización llevada adelante por Pablo Riccheri. Trabaja en el 5º Batallón de Ingenieros de Tucumán, donde conoce y traba relación con otro militar con el industrialista: por entonces su jefe Alonso Baldrich, éste interesado fundamentalmente en la cuestión petrolera.
En el año en que asume Don Hipólito Yrigoyen, años de transformación y democratización del acceso al aparato del estado por parte de los sectores medios (y en menor medida populares), bajo el impacto de la Primera Guerra Mundial asciende a Teniente 1º (31-12-15). Ya en 1917 cumple tareas en el Colegio Militar como instructor de cadetes en el arma de Ingenieros, allí también se desempeña como docente de “Metalurgia y acción de explosivos”. Poco después (31-12-20), asciende a Capitán.
En 1922 cursa en la Escuela Superior de Guerra, y poco después se lo destina a Europa en la Comisión de Adquisiciones en el Extranjero. Llega al “viejo continente” en 1924. Durante tres años estudia y profundiza su conocimiento en relación fundamentalmente a la organización de la industria. En 1926 logra el grado de Mayor, y forma a Ingenieros Militares en San Martín. En 1929 asciende a Teniente Coronel. Cercano por entonces a Uriburu se desempeña en el 30 como Jefe de la Sección de Informaciones y Órdenes del Estado Mayor en Jefe Revolucionario. En su viaje al extranjero vale destacar que entre sus conclusiones observa que “no había seguridad ni defensa nacional desvinculadas de las industrias básicas, que sirviendo a la paz, al progreso pacífico, eran la garantía del país en caso de conflicto”. (Larra, 1980: 41)
Savio considera que el Curso Superior y Especial del Colegio Militar que él mismo llega a conducir, destinado a los subtenientes de artillería e ingenieros resulta insuficiente para formar al personal para el desarrollo nacional, “comprende que la movilización industrial es el eje de la movilización nacional. La guerra futura será integral, obligando a una preparación en tiempos de paz que abarque las explotaciones mineras las industrias de las materias primas básicas y las tecnologías más avanzadas”. (Larra, 1980: 20) Así, en 1930 se produce un hecho trascendental para lo que va a ser el desarrollo industrial de nuestro país, referimos a la creación bajo el impulso e influjo de Savio de la Escuela Superior Técnica, la que se monta sobre la base del Curso Superior y Especial, en la cual se desempeña como Director. En 1931 es reconocido como Ingeniero Militar.
El Decreto N° 751 de creación de la escuela (6-11-1930), redactado por Savio es claro en relación a los propósitos de la misma. En el artículo 1 dice: “que la experiencia ha demostrado la necesidad de que el Ejército cuente con oficiales especializados en las diferentes ramas de técnica militar, y los capacite para obtener de los materiales de guerra todo el rendimiento de que son capaces, necesitándose por lo tanto el Instituto donde formarse aquellos”. Y en el tercero afirma: “que es necesario que los estudios y trabajos de índole técnica, se desarrollen y apliquen a base de datos concretos sobre nuestra industria y nuestra fuente de recursos, en forma tal que el país pueda, progresiva y racionalmente, resolver sus propios problemas relativos a la defensa nacional, con independencia del extranjero en todo lo que sea posible”. (Cit. en Larra, 1980: 30)
La Escuela Superior Técnica imparte formación a los ingenieros militares, y apunta a la vinculación con el desarrollo de la industria, principalmente armamentista[2]. En esta tarea y “bajo su ejemplar conducción egresaron de dicho instituto (Escuela Superior Técnica) brillantes promociones de ingenieros militares, las que habrían de tener una destacada participación en el desarrollo de todas las industrias impulsadas por el ejército Argentino”. (Chescotta. Cit en Martín, et. al., 1980: 202) A cuatro años de iniciado el camino, al finalizar el año 1934 la escuela tiene sus primeros graduados como ingenieros militares. Ese es un primer paso para avanzar ahora sí en la creación de las fábricas militares para esos ingenieros. Así, Savio deja la dirección de la misma, pero sigue de cerca su desarrollo. Su intención ahora es dedicar principalmente sus esfuerzos a la creación de fabricaciones militares. Hacia 1945 oficiales de países de Nuestra América se suman a la escuela, los cuales van a ir graduándose en los años sucesivos. (Larra, 1980)
Savio al mismo tiempo que Director es docente en la Escuela Superior Técnica, imprimiendo también a su labor una profunda vocación industrialista. En este contexto traduce obras en relación al desarrollo industrial, escribe “Movilización industrial” (1933). El libro es una síntesis de sus clases, específicamente de un curso de Organización industrial. Incluye en el mismo la traducción de la obra del Capitan Dumez (cuyo pensamiento influye en Savio, lo conoce personalmente y asiste a sus clases durante su estadía en Europa), profesor de la Escuela Superior Técnica de Artillería de Francia. Ese mismo año realiza la orientación práctica para organizar viajes de estudio con los estudiantes del tercer y cuarto año de la escuela haciendo visitas tanto a importantes fábricas de la Ciudad de Buenos Aires como del interior de nuestro país. El Ingeniero-Militar “se propuso afianzar la soberanía nacional, por medio del desarrollo tecnológico dentro de las Fuerzas Armadas”. (Angueira, 1995: 64)
En el libro plasma cuestiones nodales de su ideario, observándose centralmente el influjo de la noción de Nación en Armas[3], afirmando por ejemplo que “el potencial de guerra de una Nación está constituido por la totalidad de las fuerzas morales y materiales que puede poner integralmente en acción, y se caracteriza por el grado de capacidad para aplicar dichas fuerzas a la defensa nacional, así como por la rapidez con que puede hacerlo”. (Savio, 1973: 19)
Así señala que la cuestión de la defensa nacional no puede limitarse a un abordaje limitado al ámbito castrense, eso constituye un grave error, ya que si bien las Fuerzas Armadas son centrales, no obstante un plan de defensa involucra a todos los sectores de la nación. Explica claramente una cuestión clave: “movilizar significa llevar al país integralmente del pie, o del estado de paz, al de guerra. Realizarlo con criterio moderno exige no afectar perjudicialmente la vida nacional, y poner en acción total los recursos disponibles; organizar la producción de los elementos indispensables para mantener, si no es posible acrecentar, la capacidad ofensiva de los fuerzas armadas”. (ibidem: 21) Profundiza más adelante que “la movilización general del país no ha verse solo con ojos militares, es un error. El plan de guerra, de conducción de la guerra, tiene indudablemente como núcleo las fuerzas armadas, pero involucra la Nación toda”. (ibidem: 31) Piensa en la necesidad de reducir los factores de vulnerabilidad del país, como asimismo fortalecer la soberanía nacional, afirma enfáticamente que “no hay que olvidar nuestra dependencia del extranjero en una serie de productos, de los que podríamos carecer en cierto momento”. (ibidem: 44)
No hay una postura en favor de la guerra, sino más bien todo lo contrario. Se observa como Savio “plantea el porvenir en función de la defensa nacional, de la tarea para la que se ha capacitado. Estar listo para la guerra posible, ayuda a evitarla, disuadiendo a los agresores”. (Larra, 1980: 20)
En 1935 asume como Jefe del 2° Batallón de Zapadores Pontoneros, como tal avanza en la construcción del camino entre Bariloche y el Bolsón, también se desempeña en la Presidencia de la Comisión del Puente Internacional entre Brasil y Argentina. En 1936 lo hace como Jefe de la Agrupación N° 1 de Zapadores Pontoneros. En diciembre de ese año asciende a Coronel. Desde 1937 se desempeña como Director de Fábricas Militares, organismo dependiente de la Dirección General del Material del Ejército (este es un antecedente de Fabricaciones Militares). Esta última había nacido en diciembre de 1936 sobre la base de la Dirección General de Arsenales y la de Comunicaciones. Es importante señalar que años antes, a partir de 1923 por la ley 11.266[4], había comenzado a proyectarse la creación de la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos en Villa María (Córdoba), proyecto que había perdido fuerza hasta que recién en 1937 con el impulso de Savio se retoma el proyecto y concluye tiempo más tarde. Dicha ley apunta a la profundización de la fabricación de armamentos en virtud de lograr la autosuficiencia. La ley, de la cual Savio es gestor (Larra, 1980) es sumamente importante ya que fueron impulsados los cimientos de varias fábricas como la de Aceros, Material de Comunicaciones, Aviones, etc.
Savio, si bien está claramente a favor del nacimiento de estas fábricas, mira agudamente la cuestión, y propone una Ley Orgánica de Fabricaciones Militares, ya que considera que si bien la Ley 11.266 dio lugar al surgimiento de varias fábricas “su instalación, lanzamiento de la producción, funcionamiento normal y régimen económico deben definirse y legislarse contemplando a la vez su situación dentro de toda la industria nacional de la que no pueden desvincularse en ningún momento (…) Si se continúa en el estado actual ellas perecerán bien pronto” (Cit. en Martín. En Martín, et. al., 1980: 94)
A partir de este recorrido, el impulso denodado y la mirada estratégica de Savio es que en 1941, durante el gobierno de Castillo, se produce un acontecimiento sustancial para la historia del desarrollo nacional: la creación de la Dirección General de Fabricaciones Militares, él mismo había redactado el proyecto de ley. De esta forma, la lógica y justicia hace que Savio sea su primer Director (y que la dirija hasta su fallecimiento). Las fábricas militares aparecen en un contexto determinado por el deterioro del comercio exterior, con el objetivo de abastecer no solo la industria militar sino también civil, a partir del reemplazo de los insumos importados.
El objetivo esencial de la creación de Fabricaciones Militares considera es “alcanzar lo más pronto posible la propia capacidad para producir en el país las armas y las balas indispensables para mantener la soberanía y el honor nacionales; liberándonos a ese respecto de la dependencia del exterior”. (Savio. RM Nº 520. Abril 1944: 635)
Una cuestión central a destacar es que la mirada estratégica de Savio lleva a pensar Fabricaciones Militares como un medio, y no como un fin en sí mismo. Considera que los aspectos centrales de la creación de Fabricaciones Militares son la independencia del extranjero a partir del desarrollo de la industria nacional de armas y municiones para la defensa de la soberanía, la movilización industrial, la elaboración de materiales de guerra, la exploración y explotación de minas, y el fomento industrial. Coincidimos con Fermín Chávez quien argumenta que “en los países dependientes casi siempre son personas como la del General Manuel Nicolás Aristóbulo Savio, con sus tercas fijaciones nacionales, quienes ayudan a la toma de conciencia sobre las cuestiones básicas, y se pueden revelar también como grandes realizadores”. (Chávez, 1981: 35)
A partir de la creación de la Dirección General de Fabricaciones Militares en 1941 (Ley 12.709), el impulso de Savio “se puso una vez más de manifiesto en la formación de un grupo de técnicos y profesionales para concretar la acción que él propiciaba, en lo que concierne a promover la actividad minera, como base de sustentación de cualquier plan de desarrollo industrial”. (De Paula. En Martín, et. al., 1980: 165) La DGFM se crea como una entidad autárquica dependiente del Ministerio de Defensa, y constituye como sostiene Raúl Larra (1980), un paso más en el camino que piensa hacia la industrialización y que completará con el Plan Siderúrgico[5]. En este sentido, Alicia Savio afirma que “desde principios de la década del treinta y había construido su proyecto de industrialización”. (Savio, 2011: 16) La centralidad de la industrialización la piensa también el Ingeniero Militar en relación a la generación de trabajo para el pueblo.
Savio tiene una preocupación central vinculada a la exploración y explotación de las riquezas minerales presentes en el territorio nacional. Tiene la idea de crear industrias químicas y siderúrgicas, como industrias de base, como industrias que dinamicen las demás, que apunten a fomentar el desarrollo del país. Afirma que pensaba que la radicación en nuestro país de la industria siderúrgica era uno de los actos más trascendentes de la vida nacional en lo que iba del siglo XX. Sostiente así que “toda nuestra estructura económica, desarrollada sobre los programas o planes de activación industrial, no tendrá consistencia y presentará demasiados puntos débiles si no se asienta sobre la primera e indispensable “piedra básica” constituida por la capacidad para producir acero para rieles, puentes, barcos, arados, etc. De poco servirán las iniciativas y los esfuerzos tendientes a desarrollar otras empresas o trabajos si previamente no se ha dado este paso capital”. (Savio, 1973: 432)
La acción de Fabricaciones Militares bajo la conducción de Savio tiene un desarrollo descomunal. Alicia Savio afirma que “las Fábricas Militares que, en número de catorce, se levantaron provocaron un gran desarrollo industrial; debían fabricar productos para la guerra, pero la idea era que fueran la base de la industrialización del país”. (Savio, 2011: 35) Así, se logran una gran cantidad de realizaciones. Rápidamente comienza a organizarse la Fábrica Militar de Equipos, Herramientas y Comunicaciones (más tarde -1947- Fábrica Militar General San Martín), la Fábrica de Armas Portátiles en Rosario, anteriormente (1936) la Fábrica Militar de Munición de Artillería en Río III, en el 42 la Fábrica Militar San Francisco, la Fábrica Militar de Tolueno Sintético en Campana el mismo año.
También se conforma la Compañía Azufrera Argentina en el año 1941 y dos años después se fusiona con el Estado como Industrias Químicas Nacionales Sociedad Mixta. En 1945 la Fábrica Militar de Materiales Pirotécnicos. En 1944 se formalizó la formación de Atanor. Años antes se había ideado la construcción de una fábrica de armas portátiles que recién comienza a construirse en 1933 y en 1936 se establece aunque sin producción. Queda en una idea finalmente. Recién en 1942 se retoma el proyecto de construcción en Rosario de una fábrica de armas portátiles bajo el nombre de “Domingo Matheu” en homenaje al miembro de la Junta de Gobierno en 1810, que comienza a producir en 1943.
En 1941 en la puna exploradores habían descubierto un yacimiento de azufre en el cerro La Estrella, para cuya explotación se construye la Compañía Azufrera Argentina Sociedad Anónima, con cuya base en 1943 la Dirección General de Fabricaciones Militares construyó “Industrias Químicas Nacionales Sociedad Mixta”.
Al otro año comienza en Pilar a construirse una fábrica que es la base de la Fábrica Militar de Materiales pirotécnicos que comienza a funcionar en 1946. En el 39, se había constituido como emprendimiento privado Atanor, que en 1944 pasa a ser una Sociedad Mixta con Fabricaciones Militares. Savio proyecta también, como parte de la Fábrica Militar de Munición de Artillería de Córdoba, el “Grupo Químico Río III”, que alcanza gran importancia. En Córdoba también Savio proyecta en 1944 la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos José de la Quintana de enormes dimensiones.
Se hizo una evaluación exhaustiva de los minerales disponibles. En este marco, Fabricaciones Militares hace su investigación más profunda en Minas Capillitas en la Provincia de Catamarca. La Dirección celebra un contrato en 1942 que se pone en vigencia al otro año con el inicio del Establecimiento Minero Capillitas.
Savio analiza que la única forma de conseguir cobre era comprarlo al “Sindicato Electro-Metalúrgico Argentino” (SEMA), que se había formado en 1923 con capitales franceses. A partir de 1928 se reorganizó como Sociedad Electro-Metalúrgica Argentina S.A., de capitales alemanes. Durante la guerra es incluida en la “Lista negra” de Estados Unidos. Esta circunstancia lleva a Savio a proponer en 1942 al Poder Ejecutivo la compra o la expropiación de la empresa. Finalmente se decide el primer camino, y nace en 1944 la fábrica “Elaboración del Cobre y sus Aleaciones” (ECA).
Asimismo, para la producción de aceros especiales y ferroaleaciones nace el mismo año la Sociedad Mixta Aceros Especiales, formada entre la Dirección General de Fabricaciones Militares y la empresa Industrias Termoeléctricas en Rosario. Similar es la constitución, también en el año 44 de la Sociedad Mixta de Elaboración del Cromo y sus Derivados, esta vez el acuerdo es con la Minera Argentina del Norte, que tenía la mayor parte de los yacimientos de cromo de nuestro país.
Savio, sin tener una concepción estado-céntrica, piensa en la centralidad del estado. Nos dice: “la presencia del Estado en la ejecución del plan que hemos estructurado, además de no ser arbitraria es imprescindible”. (Savio. RM Nº 503. Diciembre 1942: 1183) Ya que sin el impulso del mismo observa imposible el desarrollo del acero y general de nuestra industria, por eso considera que es indispensable “el peso del Estado” para este objetivo, pero no en forma integral o sistemática para todas las actividades, también debe dejarse la libertad a la iniciativa privada.
Selva Echagüe sostiene que Savio consideraba que las empresas privadas no tenían la capacidad para impulsar el desarrollo industrial, por eso debía ser el estado el que de protección a la industria, y las Fuerzas Armadas serían un puntal en este desarrollo. Así, cuando crea Fabricaciones Militares “sustituyó la palabra fábrica por la de fabricaciones porque pensaba en un organismo que produjese para la economía y la defensa nacionales a través de terceros, sin tener ninguna empresa propia”. (Echagüe, 1999: 36) La movilización industrial debía ser una tarea permanente, no solo en un conflicto determinado.
En el 42 Savio da a luz dos trabajos medulares que muestran la madurez y profundidad de su pensamiento, referimos a “Bases para la industria del acero en la República Argentina (política Argentina del acero)” y a la conferencia en la Unión industrial Argentina bajo el título: “Política de la producción metalúrgica argentina”. Savio considera en esta conferencia que la producción de los elementos centrales para la industria “no puede quedar liberado a la iniciativa privada; él debe ser programado con toda precisión por el Estado, definiendo qué materias primas se elaborarán, en qué magnitud y en qué plazos”. ”. (Savio. RM Nº 503. Diciembre 1942: 1174)
En el primero de los trabajos mencionados Savio pone de relevancia la necesidad del desarrollo de las fuerzas productivas, la urgencia en torno a la profundización de la industrialización del país, sobre todo en materia de industria pesada (fundamentalmente el acero), que debe ser firmemente estimulada por el estado nacional. Considera al respecto que “la defensa nacional requiere en forma impostergable contar con una producción propia de acero”. (Savio. RM Nº 501. Octubre 1942: 702) Y profundiza argumentando que “como las necesidades de la defensa nacional son impostergables, debemos proceder de inmediato a instalarnos con cierto margen para hacer frente a ella”. (Savio. RM Nº 501. Octubre 1942: 702) Piensa que el límite de producción mínima debe ser el que exige la defensa nacional y el máximo: la totalidad del propio consumo.
Savio analiza el contexto de la Segunda Guerra Mundial considerando que la conciencia nacional se había ido fortaleciendo en relación a la necesidad de aprovechar cada vez más nuestras fuentes de riqueza, aprovechar las materias primas, y desarrollar la industria nacional. Preguntaba en la conferencia en la UIA: “¿Quién puede sostener que en lugar de elaborar el zinc que necesitamos tomando el mineral argentino, conviene más extraer el mineral, hacerlo recorrer grandes trayectos, refinarlo, como se ha hecho en Amberes y volverlo a traer al país luego de pasar por varios intermediarios?”. (Savio. RM Nº 503. Diciembre 1942: 1172)
El impulsor de la industria del acero afirma en un discurso: “la industria del acero es la primera de las industrias; y constituye el puntal de nuestra industrialización. Sin ella siempre seremos vasallos. La Argentina debe producir acero para poder gravitar en el concierto de las naciones concordantemente con su presente y con su futuro”. (Savio. Cit. en Bernal, 2005: 47)
Otro acontecimiento sustancial en la historia del desarrollo nacional en general y de la industria siderúrgica en particular comenzó en los años 30, cuando cerca de la ciudad de Palpalá (Provincia de Jujuy) un baqueano descubre unas piedras de un fuerte color rojizo en las sierras de Zapla. La noticia comienza a correr, y Savio se interesa particularmente. Desde la conformación de Fabricaciones Militares se piensa en su explotación. Raúl Larra afirma que existía un “consenso general que el país carecía de hierro, argumento esgrimido por voces interesadas en desalentar el desarrollo industrial. Todo conducía a exaltar nuestra condición exclusivamente agrícola-ganadera, bajo el influjo de una “mentalidad pastoril”. Nadie se preocupaba por buscar metales de nuestro subsuelo. ¿Para qué molestarse si el ganado se criaba y reproducía en el campo?”. (Larra, 1980: 63) Contra esta mentalidad subordinada es contra la que se levanta el ideario y la acción de Savio, pensando el desarrollo en función de la soberanía, el fortalecimiento y emancipación de la nación.
Así, en 1942 se avanza con la legislación para proteger esa riqueza a favor del Estado nacional. Y en 1943 nace el establecimiento “Altos Hornos Zapla” que en 1945 va a tener su primera colada. Sobre ese chorro de hierro dice: “su fulgor resplandeciente ha de ser un fanal más que ilumine el ancho camino de la Patria hacia su porvenir grandioso”. (Savio, 1973: 432) Para complementar esta producción del noroeste argentino, Savio proyecta otro centro industrial en San Nicolás. De esta forma, en 1944 se llama a organizar la Segunda Unidad Siderúrgica. Unos años más tarde se va a crear la Sociedad Mixta Siderurgia Argentina (SOMISA). El sitio para estos nuevos altos hornos fue discutido, no obstante Fermín Chávez remarca que “había sido estratégicamente estudiado y elegido, en función del aprovechamiento del mineral del Hutún, ya que Savio contaba con la cooperación de oficiales bolivianos formados con por él en la Escuela Superior Técnica”. (Chávez, 1981: 36)
La llegada del peronismo al poder es un cambio significativo en el diseño estratégico del modelo de nación. Ahora se apunta claramente a la elaboración y realización de un proyecto nacional que pone en el centro el desarrollo nacional en función de la ruptura de la dependencia extranjera (principalmente británica, como sabemos, evitando caer en otro dominio). De esta forma, lo que venía sucediendo en forma coyuntural o por impulso de algunas personalidades de férreas convicciones como el caso de Savio, se plasma en una visión estratégica de convertir a la Argentina en un potencia, y en ese esquema se delinea e institucionaliza una política de defensa nacional que toma como puntal la mejor tradición que se había desarrollado en nuestra historia, fundamentalmente desde los 20. Hernán Cornut sostiene que “quizás haya sido este el momento en que con mayor intensidad se plasmó a nivel nacional la nación en armas, con un sentido de plenitud e integralidad que ya se venía avizorando desde el 4 de junio de 1943, y que tendría su punto culminante en 1948 con la sanción de la ley 13.234 (Organización de la Nación para tiempo de Guerra)”. (Cornut, 2021: 63)
Así, Perón que había esbozado muy claramente su postura en torno a la defensa nacional (en la línea de “la nación en armas”) en su famosa conferencia en la Universidad Nacional de La Plata en junio de 1944 apoya fuertemente el Plan Siderúrgico. Remarcamos que Perón lo integra en el marco del proyecto de nación que mencionamos anteriormente. Humberto Sosa Molina, quien conocía a Savio desde la época del Colegio Militar, por entonces Ministro de Guerra (y posteriormente Ministro de Defensa), también alienta y apoya el plan.
Savio había obtenido el grado de General de División en 1946. De esta forma, con el peronismo en el poder, en el año 1947 se aprueba el Plan Siderúgico Nacional (que Savio había presentado en 1946, como Dir. de Fab Militares al Ministerio de Guerra). Otro hito en la historia de nuestro desarrollo y emancipación. Es necesario destacar la centralidad del peronismo, sin ese impulso difícilmente se podría concretar no solo este plan, sino el desarrollo de nuestro país. En dicho plan se afirma que “la industrialización del país es imprescindible e impostergable como factor de equilibrio económico social de afianzamiento de nuestro progreso general, en una medida adecuada en relación a nuestras fuentes vitales de riqueza”. (Savio, 1973: 185) También nos dice que la industria llamada “pesada”, es primordial para el desarrollo industrial general, si nuestro país renuncia al desarrollo de la misma, se resigna también a ocupar el lugar que le corresponde en el mundo por su potencial moral y material, ya que dependerá en forma excesiva de la voluntad e intereses extraños. “la argentina debe producir acero para poder gravitar en el concierto de naciones concordantemente con su presente y con su futuro”. (ibidem: 441)… El plan está editado, es un desarrollo muy detallado de las riquezas, posibilidades, fortalezas, costos, etc.
Savio consideraba que debemos estudiar profundamente y ensayar sobre nuestra realidad, la investigación debe partir de nuestra industria siderúrgica y otros sectores, obtener conclusiones a partir de la misma, no replicar mecánicamente lo que se hizo en otras realidades disímiles. Se trata de definir los problemas argentinos para ser resueltos por los argentinos. Ese mismo año (1947), también se produce un hecho significativo: la creación de la Sociedad Mixta “Siderurgia Argentina”, más conocida como SOMISA, de la cual Savio es su primer Presidente (en actitud patriótica renuncia a sus honorarios). Destacamos lo que señala Alicia Savio: “la producción de acero se proyectó como una segunda etapa de la producción de las Fábricas Militares como polos industriales. La producción siderúrgica era la base de esa producción, de la industrialización; fue concebida como tal desde el principio, desde que el Gral. Savio comenzó a elaborar sus planes”. (Savio, 2011: 50)
Enrique Guglialmelli considera certeramente que Savio es uno de los personajes claves en la generación nacionalista e industrialista de las Fuerzas Armadas, pero que su accionar también logró trascender el ámbito castrense y se proyectó en la nación. (Guglialmelli. Estrategia Nº 60. En Jaramillo (comp.). 2007) Por su parte, Carlos Piñeiro Iñíguez afirma certeramente que “su actitud industrialista tenía antecedentes y se insertaba en toda una tradición”. (Piñeiro Iñíguez, 2010: 261)
Consideramos que la idea de Savio en tanto proponer el desarrollo del acero se relaciona con su formación castrense principalmente, tanto porque esa idea estaba mayormente en algunos militares (y en menor medida en algunos civiles), como porque la forma de reflexionar a partir de la problemática de la defensa (o más bien su contracara, el estado de vulnerabilidad de la Argentina) lo lleva a fortalecer la conciencia de esa necesidad. Vale destacar que esa proposición, la comparte especialmente con su primer Jefe militar: Alonso Baldrich (quien mayormente se vinculó también en el mismo sentido a la idea del desarrollo petrolero). (Chávez, 1978) Así Savio es una de las piezas nodales en el desarrollo de nuestra industria del acero, y como tal de la industria pesada, en tanto base para la independencia y soberanía nacional.
Coincidimos así con Miguel Ángel Scenna quien afirma que Savio “era un obsesivo de la industrialización nacional de base. Era una idea fija que motorizó toda acción cuya meta era convertir a la Argentina en un potencia autosuficiente, liberada de la dependencia externa”. (Scenna, 1980: 217) Esta idea atraviesa toda la vida y esfuerzo del General. Por eso pensó a “la siderurgia como piedra angular de la industrialización que preconizamos, nos proporcionará los elementos esenciales de trabajo y junto con la industria química pesada que paralelamente desarrollaremos, nos harán perder definitivamente la fisonomía que tanto pretendemos disimular, para esbozar, cada vez más nitidez un “standard” superior”. (Savio, 1947 -1960-: 11)
El General Manuel Savio se convirtió en un figura arquetípica de la generación nacional de nuestras Fuerzas Armadas que vinculó estrechamente la defensa nacional al desarrollo industrial, como asimismo a este último con la independencia económica y la soberanía nacional, llegando incluso a reflexionar desde la matriz de la noción de nación en armas (y bajo la influencia de la doctrina social de la iglesia en muchos casos), en torno a la necesidad de establecer la justicia social en tanto la defensa implica a todos los sectores de la comunidad e involucra todas las esferas de la vida nacional.
Savio observó profundamente en esta concepción la necesidad de contar con una defensa integral (en virtud del sostenimiento de la paz, como fue explicado aquí), para lo cual era necesario la producción de material bélico en el marco de un proyecto de industrialización generalizado donde el acero resulta el pilar básico desde donde asentar ese desarrollo. Pensar un proyecto de nación que logre la independencia económica para su definitiva emancipación y cuente con la organización de una defensa de la misma. Esta idea que atraviesa la vida del General, y lo lleva a esfuerzos enormes, también hace que se consuma rápidamente ya que el 31 de julio de 1948 con tan solo 56 años pasa a la inmortalidad, dejando el ejemplo de la coherencia entre la palabra y la acción, advirtiendo que la lucha en defensa de los intereses de la Patria debe ser pertinaz e incansable, por eso nos interpela remarcando: “tengamos todos presentes que los grandes hechos, así como la grandeza de los pueblos, no fueron nunca consecuencia de milagros; fueron siempre obras de perseverancia, de moral, de seriedad, de estudio, de trabajo y, también, de sacrificios. Por la Argentina”. (Savio, 1973: 451)
* Sociólogo (UBA). Doctor en Comunicación Social (UNLP). Magister y Especialista en Metodología de la Investigación (UNLa). Profesor de Sociología (UBA). Director de la especialización en Pensamiento Nacional y latinoamericano del Siglo XX (UNLa). Docente universitario de grado y posgrado. Director del proyecto de investigación “Fuerzas Armadas y peronismo (1946-1955). Proyecto nacional, Doctrina de Defensa e industrialización” (UNAJ-Investiga). Autor de libros como “La FORJA del nacionalismo popular”, “Volver a las fuentes. Apuntes para una historia y sociología en perspectiva nacional”, “La brasa ardiente contra la cuádruple infamia”, “Nación, Fuerzas Armadas y dependencia” y de más de doscientos artículos vinculados al pensamiento nacional y el revisionismo histórico. Ha dictado más de doscientas conferencias en relación a las mismas temáticas.
Bibliografía
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Guglialmelli, Juan Enrique. Recopilación de artículos de Guglialmelli en la Revista Estrategia. En Jaramillo, Ana (comp.). (2007). Pensar con estrategia. Juan Enrique Guglialmelli en la Revista Estrategia. Buenos Aires: EDUNLa.
Martín, De Paula y Gutiérrez. (1980). Los ingenieros militares y sus precursores en el desarrollo argentino. Buenos Aires: Fabricaciones Militares. Dos volúmenes.
Larra, Raúl. (1980). Savio, el argentino que forjó el acero. Buenos Aires: Anfora.
Perón, Juan Domingo. Significado de la defensa nacional desde el punto de vista militar. Nº 522. Buenos Aires. Junio de 1944.
Piñeiro Iñíguez, Carlos. (2010). Perón: la construcción de un ideario. Buenos Aires: Siglo XXI (editora Iberoamericana).
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Savio, Manuel. Bases para la industria del acero en la República Argentina (política Argentina del acero). Revista Militar Nº 501. Octubre de 1942.
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Savio, Manuel. (1960). Manuel N. Savio, General de División. 1892-1948. Su pensamiento sobre el desarrollo económico argentino. Buenos Aires: Servicio de Prensa de la Presidencia.
Scenna, Miguel Ángel. (1980). Los militares. Buenos Aires: Editorial de Belgrano.
Vicat. Luis E. Defensa nacional industrial: Bastarnos a nosotros mismos. Julio de 1925. Bs. As: Círculo Militar.
Von Der Goltz, Colmar Barón. (1927-1930). La nación en armas. Un libro sobre organización de ejércitos y conducción de guerra en nuestros tiempos. Buenos Aires: Círculo Militar.
[1] Trabajamos profundamente con esa generación militar entre los años 20 y 40 en Godoy, Juan. (2021). Nación, Fuerzas Armadas y dependencia. Los aportes a su resolución y la emergencia de una conciencia industrial en la Revista Militar desde la creación de YPF (1922), al 17 de Octubre de 1945. Buenos Aires: Punto de Encuentro.
[2] Savio conforma la escuela con personalidades destacadas, varios de los cuales había conocido personalmente durante su formación. Son designados docentes, entre otros, José Bernardo Collo, Juan Blaquier, Francisco La Menza, Teófilo Isnardi, Félix Aguilar, Carlos Treglia, Jorge Starico, Antonio Escudero, Alfredo Galamarini, Julio Orozco Díaz, y Antonio Recorder. Vale mencionar que al tener sus horas completas, van a realizar sus tareas ad-honoren, por pedido del mismo Savio y entendiendo la labor patriótica a llevar adelante. (Larra, 1980)
[3] La noción de “la nación en armas” había sido desarrollada fundamentalmente por Colmar Barón Von Der Goltz en una obra bajo ese título cuya primera parte se editó en la Argentina en 1927, y se completó con la segunda en 1930 por parte del Círculo Militar. En forma extremadamente sintética y esquemáticamente, considera que en la guerra moderna no está involucrado sólo el sector militar, sino todo el pueblo, están involucradas las fuerzas materiales y morales de la nación. Se necesita así desarrollar la industria, al mismo tiempo que la cultura, la educación, el bienestar social del pueblo, etc. (Von der Goltz, 1927)
[4] Esta ley es sumamente relevante ya que es un puntal en relación a la solución de la debilidad en materia de armamento y equipos que tenían las Fuerzas Armadas, a la vez que el impulso a la instalación de fábricas vinculadas al material bélico fundamentalmente. Otra ley importante a mencionar es la 11.386 (ley de enrolamiento), que apuntaba a recabar información estadística de la población de los diferentes distritos militares, dando a su vez al estado información importante sobre la población. (Cornut, 2018)
[5] Vale mencionar que la cuestión de la siderurgia y la metalúrgica tiene un antecedente importante en la figura de Luis E. Vicat, fundamentalmente en la conferencia dictada en julio de 1925. (Vicat, 1925) Tratamos este pensador militar en Godoy, 2021.


