Imperialismo y dependencia en el pensamiento de Roberto Carri. Por Juan Godoy*

“El sistema imperialista produce una oposición radical a su dominio que se expresa en las revoluciones anti-imperialistas y en los movimientos de liberación nacional. Los movimientos de liberación encarnan concretamente, prácticamente, la negación a la opresión del sistema sobre el conjunto vivo de la nacionalidad: el pueblo (…) El pueblo es la unidad política concreta que enfrenta al imperialismo” (Carri, A 3er. Mundo, Nº 4: 13)

 

 

Roberto Carri[1] analiza profundamente el desarrollo del capitalismo, haciendo énfasis en la etapa imperialista, que Lenin expresó como la etapa superior del capitalismo. En palabras del argentino “el capitalismo necesariamente produce imperialismo como su forma superior” (Carri, 1973: 73). Recorreremos sus ideas en torno al imperialismo y la dependencia, en tanto consideramos la actualidad de su pensamiento.

 

Considera Carri que el imperialismo incorpora las áreas coloniales y semi-coloniales a su sistema, de modo de poder continuar reproduciéndose en base al saqueo, y la expoliación de estos territorios dominados formalmente, o bien informalmente. Así, los sistemas económicos feudales, esclavistas, economías de subsistencia no son “cosa del pasado”, sino más bien una parte de la etapa imperialista que se manifiesta plenamente en el presente. Es mediante la expansión monopolista que los países centrales profundizan la presencia en las áreas coloniales o semi-coloniales.

Resalta asimismo el pasaje de una forma de dependencia a otra a principios de siglo XIX. En este sentido, luego de los procesos emancipatorios de Nuestra América, y en especial en el caso de la Argentina, se pasa del dominio formal como colonia con respecto a España, al dominio “invisible” de Gran Bretaña a través, fundamentalmente, de la penetración económica.

A lo largo de nuestra historia existió una lucha entre los sectores cómplices y beneficiarios de la situación de expoliación, y los sectores sociales opuestos, que se levantaron una y otra vez contra la dominación colonial. Es decir, como sabemos, existen fuerzas que luchan por un desarrollo independiente, y por las cambiar la estructura dependiente, y las que pugnan por un modelo vinculado a la dependencia y al mantenimiento del orden social desigual. Los países latinoamericanos, como “patrias chicas”, se fueron conformando a partir de determinadas dominaciones coloniales e imperiales. Se fueron conformando como “economías dependientes”. Siempre que se quiso romper con el sistema de dominación imperial se encontró con la oposición de quienes incorporaron a la Argentina al sistema mundial a partir de la idea del librecambio y de “las ventajas comparativas”, es decir con la resistencia de las oligarquías locales. De esta forma, “el subcontinente se divide en tantas naciones como puertos de exportación capaces de organizar el comercio exterior existían” (Carri, 1971: 26)

Los atisbos de desarrollo capitalista, en tanto producción artesanal que existían en la región fueron eliminados al ingreso de la manufactura extranjera. Pero Carri piensa que lo fundamental, en la perspectiva imperial no es la producción de materias primas por parte de los países dependientes, sino más bien el consumo de éstos de dos tipos de excedentes: el excedente de productos manufacturados, y del excedente financiero.

Piensa Carri que desde que la burguesía comercial porteña, a principios del siglo XIX, con Rivadavia a la cabeza estableció una alianza con el librecambismo inglés, se desarrollo (más-menos) un modelo agroexportador (Rivadavia destruyó la manufactura local y se posicionó a favor de la manufactura británica – Concesiones de recursos naturales, empréstitos, etc.), que recién se logró cambiar (temporariamente), durante los años del peronismo, en que se apunta a la primacía del desarrollo industrial. Pero esa experiencia dura poco, 10 años, y el breve interregno de los 70’s, pero antes, en 1955 se restablece un régimen neocolonial. Tanto Rivadavia, como Mitre, Sarmiento, la Unión democrática, el gorilismo, etc. son representantes de un régimen colonialista o neocolonialista. Rosas aparece aquí como un interregno, como un freno a la penetración imperial y como el intento de una nación autosuficiente. Rosas es apoyado por las masas populares. Pueblo-Nación se oponen a la penetración extranjera. Los caudillos populares, y el yrigoyenismo (aunque se mueve dentro de la lógica del país semi-colonial agroexportador), también aparecen como un freno al avance del imperialismo. Pero lo que resalta Carri, que nos interesa hacer énfasis aquí también es que siempre la resistencia al neocolonialismo parte de las masas populares, al mismo tiempo que destaca que solo la ruptura de la estructura imperial es la que asegura el desarrollo de una política realmente independiente.

Las inversiones del imperialismo no son aisladas o casuales, invierten allí donde se fortalece la dependencia, e impiden todo otro tipo de desarrollo. La fábula de las inversiones extranjeras que traen el progreso no hace mella en Carri. El desarrollo y el subdesarrollo para él son dos caras de la misma moneda, es primordial dar cuenta de esto. Pues, el subdesarrollo es producto del desarrollo de otros pueblos vía la expoliación de parte de los países colonialistas sobre los subdesarrollados. Estamos ante la presencia de un pensador que propugna la industrialización del país, necesaria para la independencia económica. Así la oposición es subdesarrollo-dependencia vs. desarrollo-independencia. En este sentido, “las naciones dominadas por el sistema imperialista no pueden acceder al polo hegemónico debido al carácter estructural de la dependencia, ni tampoco pueden cortar esos lazos sin romper de raíz con las relaciones de producción que los reproducen” (Carri, 1973b: 13)

 

 

La integración económica de los países coloniales y/o semi-coloniales al imperialismo generan un sector social con niveles de ingresos que se asemejan a los de los centros metropolitanos, al mismo tiempo que el conjunto de la población de los primeros tiende a empobrecerse, no solo con respecto a los sectores dominantes internos, sino también en relación a la población de la metrópoli.

La oposición principal en Carri es Nación o dependencia, Patria o colonia, Pueblo vs. Oligarquía e imperialismo. La contradicción ciudad puerto-interior es derivada de otra central que es imperialismo-nación, en tanto las oligarquías o burguesía comerciales portuarias usan su poder al servicio del interés extranjero, agrega el autor que “el problema de la dependencia es la constitución de estados jurídicamente libres pero realmente subordinados al sistema mundial de dominación” (Carri, A 3er. Mundo, Nº 6: 105)

La lucha contra el imperialismo y la oligarquía se manifiesta entonces como nacionalismo de masas. Este nacionalismo existe por la presencia del imperialismo, es la respuesta al mismo. De esta forma, los“movimientos populares son aquellos movimientos de masas que, no obstante su mayor o menor consecuencia, ponían en el centro de la lucha y la discusión la disyuntiva de la independencia nacional frente al proyecto liberal imperialista” (Carri, 1973b: 233)

Los movimientos nacionales son la oposición básica al imperialismo, superan la determinación económica y se identifican con la nación. Lo primordial entonces en Carri es la política, o la unidad entre la política y la economía. Se hace necesaria la revisión de la historia, pero no como mera actividad intelectual, sino como política viva, no como historia de muertos. Hay que recuperar el pasado revolucionario del pueblo argentino para orientar una política nacional. Afirma el sociólogo, gran lector de Frantz Fanon, que “la recuperación crítica de la historia de los pueblos por el imperialismo, se integra en la lucha liberadora, y en esa lucha la “tradición” deja de ser una imposición del pasado sino un instrumento dinámico en la lucha por la liberación” (Carri, 1973: 67)

La lucha anti-imperialista en la Argentina es contra el imperialismo y al mismo tiempo contra sus opresores internos. Si bien en los países coloniales la lucha por la liberación nacional asume muchas veces la forma de un gran frente nacional en el que están integrados al mismo diferentes sectores sociales, esto no suprime las contradicciones internas. Así, la garantía de la liberación nacional es de la mano de los trabajadores. No se puede confiar en la burguesía nacional. No asume la burguesía nacional la crítica a fondo del imperialismo, es una cuestión coyuntural en tanto su interés. Si bien el frente es policlasista, la ideología solo puede ser a partir de los sectores trabajadores. Afirma el sociólogo que “reivindicar una Argentina independiente significa concretamente oponerse a todas aquellas clases sociales que hicieron del país un apéndice neocolonial. Significa liquidar internamente y no sólo internacionalmente, los vínculos con el sistema imperialista. Es decir, liquidar a las clases sociales que hacen posible la continuidad y reproducción del imperialismo. Esto es abolirlas, suprimirlas económica y políticamente, destruir las relaciones de producción que hacen posible la supervivencia del régimen” (Carri, 1973b: 219)

 Para Carri solo los trabajadores pueden llevar hasta sus últimas consecuencias el proceso de liberación nacional. Las masas populares son las verdaderas protagonistas de la historia. Es por ello que hay que dejar de lado toda concepción iluminista y/o vanguardista, esto es una concepción aristocratizante del conocimiento y la política. No hay conocimiento que no deba partir de la capacidad creadora de las masas. Hay que vincular el conocimiento con la práctica colectiva de los pueblos, pues “la cultura popular, las tradiciones históricas son patrimonio de los pueblos, porque desde que ellas van desarrollando nuevas formas sociales, política, económicas y culturales, así como van perfeccionando y profundizando la lucha contra el imperialismo y las clases dominantes” (Carri, 1973: 64)

 

 

 

*Sociólogo (UBA).

Bibliografía

 

Carri, R. (1973b). Poder imperialista y liberación nacional. Las luchas del peronismo contra la dependencia. Buenos Aires: Efece.

Carri, R. (S.f.). Poder y dependencia. Parte 2. En Antropología 3er. Mundo. (2009). Año 2, Nº 6. Re-edición facsimilar. Buenos Aires: EFFL.

Carri, R. (Sept. 1970). Poder y dependencia. Parte 1. En Antropología 3er. Mundo. (2009). Año 2, Nº 4. Re-edición facsimilar. Buenos Aires: EFFL.

Carri, R., et al. (1973). Análisis económico y político de la dependencia. Buenos Aires: Guadalupe.

Carri, Roberto. (1970). Pensamiento nacional y sociología anti-nacional. En Touraine, A., Nikolaus, M., Novikov, N. V., Fals Borda, O., Marsal, J. F., Menéndez, E. L., Cárdenas, G. H., Carri, R., Verón, E. Delich, F.. Ciencias sociales: Ideología y realidad nacional (pp. 143-165). Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo.

 

Carri, Roberto. (1971). Imperialismo y Coloniaje. En Revista Envido. Año 1, Nº 3. Re-edición facsimilar (2011). Buenos Aires: Biblioteca Nacional.

 

Carri, Roberto. (2001). Isidro Velázquez. Formas pre-revolucionarias de la violencia. Buenos Aires: Colihue.

Galasso, Norberto (Comp.). Los Malditos. Hombres y mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.

 

 

 

 

[1] Roberto Carri nació el 8 de julio de 1940 en la Ciudad de Buenos Aires. Sociólogo, docente y periodista. Miembro de lascátedras nacionales, escribe entre otros títulos: Isidro Velázquez. Formas prerrevolucionarias de la violencia, Poder imperialista y liberación nacional. Las luchas de peronismo contra la dependencia, Sindicatos y poder en la Argentina, asimismo en revistas como Antropología Tercer Mundo, Envido y Marcha(Montevideo). Militante en el Peronismo de Base, y luego en la organización Montoneros. Finalmente será detenido-desaparecido (junto a su esposa Ana María Caruso) por la última dictadura cívico-militar en febrero de 1977. Galasso, N. (Comp.). Los Malditos. Hombres y mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.

 

 

            Abordaremos aquí la figura de Roberto Carri, sociólogo, militante popular en el peronismo revolucionario, integrante de las Cátedras Nacionales, experiencia dada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos entre los años 1968 y 1971-1972 (donde participan personajes como Justino O’Farrel, Gonzalo Cárdenas, Alcira Argumedo, Amelia Podetti, Horacio González).[1] Iba a participar de las publicaciones vinculadas a las cátedras: Antropología-Tercer Mundo y Envido, con tan solo 28 años publicaba “Isidro Velázquez y las formas prerrevolucionarias de la violencia”, luego “Poder imperialista y liberación nacional”, etc. Terminaría, juntamente con su compañera (Ana María Caruso), detenido-desaparecido en los años de la última dictadura genocida que azotó nuestro país.

            Lo trataremos a Carri, en relación a una idea que va a aparecer en su pensamiento, en sus escritos, que es la de la formalidad de las ciencias sociales y su fetichización, su alejamiento del creador, y el pasaje de éste a ser dominado por su propia creación. Nuestra idea es, al mismo tiempo, abrir perspectivas sobre la forma de construcción de conocimiento dominante en nuestras universidades nacionales, y su vinculación a un proyecto nacional, con basamento en los sectores populares y latinoamericanos.

            Nuestro autor va a resaltar el entramado político-científico que se da entre los cientistas sociales y el “campo político”. Es la aparición del conocimiento técnico, de los técnicos al servicio del estado, pero haciendo a un lado su ideología (¿es posible hacerlo?). El técnico, así, a-politizado sirve para cualquier modelo de país. No importa aquí la política, la ideología, etc., solo se busca la “eficiencia”. Carri está pensando, en este punto, en la relación de los profesionales de las ciencias sociales con los sectores dominantes, a éstos como sustentadores de un régimen de dominación, así sostiene que “la dominación imperialista en todo el mundo provocó el desarrollo de la sociología como un medio de detectar problemas en sus países y descubrir los modos de superar las tensiones del mundo moderno”.[2] No obstante esto, la idea de “un estado más eficiente”, suena en la memoria reciente colectiva argentina, como parte del “desguace” del estado nacional.

            El autor de Isidro Velázquez…, no es para nada contemplativo con la universidad y su rol en la realidad nacional tal como estaba constituida. Considera que su creación se encuentra ligada a la mantención de un orden social de dominación, “la universidad Argentina fue el laboratorio de formación de ideologías al servicio del mantenimiento del orden”.[3] De esta forma, los cientistas sociales formados en estas universidades, serán fieles exponentes de un pensamiento ajeno a los intereses populares, pues el interés está puesto en “aportar a sus alumnos un curriculum profesional, formar una “personalidad profesionalmente equilibrada”, etc. Tiene como objetivo despolitizar ideológicamente al sociólogo convirtiéndolo en un fiel servidor del estado, en un técnico eficiente”.[4] Separar la ideología de la  ciencia, hacerlas dicotómicas, excluyentes, una perspectiva científica que pretende no mezclarse con la realidad social,  no apasionarse, que solo admira la ciencia y el progreso. Sociología carente de valores.

            Recordemos que Carri llamaba a los cientistas sociales que creen en la objetividad científica,bandoleros sociológicos,[5] en los cuales “su admiración y respeto no es por personas, sino por una entidad impersonal: la ciencia y la tecnología (…) ellos directamente no se sienten partícipes del proceso analizado (…) el sociólogo cree todavía que la llamada objetividad científica es lo más importante”.[6]

            Debemos tener en cuenta que Carri, está inmerso en una doble lucha: por un lado, hacia dentro de la universidad, procurando cambiar las formas de construcción de conocimiento imperantes; y por otro,inmerso en las luchas populares contra los procesos dictatoriales, en el corto plazo, y por la liberación nacional en el largo. Asimismo tenemos que resaltar aquí que nuestro autor está polemizando con toda una universidad en general, y con una carrera (sociología) en particular, en el marco primero, del derrocamiento del gobierno democrático, popular de Juan D. Perón, la instauración de una férrea dictadura que a la vez que persigue, reprime, etc., obtura la posibilidad que las mayorías se expresen en forma libre; y segundo, interviene las universidades, por ejemplo, la de Buenos Aires queda a cargo de José Luis Romero, y la del Litoral, a cargo de Halperín Dongui, cesantea a profesores que habían participado como profesores en elperonismo[7].

Resaltamos en relación a los profesores cesantes que, según consignan Aritz e Iciar Recalde, bajo el gobierno de Aramburu en el mismo decreto que intervenía la universidad, se “establecería que no debería quedar ni un solo docente ligado al peronismo y por eso, a través del artículo 32º se prohibía el ingreso a concurso de los docentes de la gestión anterior”[8]. En este contexto, en el año 1957, surge la carrera de sociología, teniendo como fundador al sociólogo italiano Gino Germani.

 

            Ahora sí, teniendo brevemente el marco general del pensamiento de Roberto Carri, acerca de la universidad,  de la carrera de sociología, y de su tradición académica-militante, podemos avanzar en nuestro planteo acerca del fetichismo en las ciencias sociales.

Carri va a ser escéptico acerca de la posibilidad de la sociología de superar esta suerte de destino trazado desde su fundación, dudar acerca de que pueda superar el orden social en el cual es producida, que se encuentra dividido en opresores y oprimidos. La sociología vendría aquí a reproducir estas relaciones asimétricas, al mismo tiempo que ocultaría la politicidad de las relaciones sociales.  La intención de nuestro autor es “problematizar la doble inversión fetichista que anida en las ciencias sociales, para denunciar su pretensión autárquica y para, finalmente, enfrentarlas con el fantasma de la política que quisieron eliminar de entre sus fundamentos; y así recuperarlas en su propia dimensión utópica”[9].  Establecer el camino de la politización de las ciencias sociales, es un camino que Carri considera posible para que las ciencias sociales en general, y la sociología en particular, no quede como mero sustento del orden social de dominación.

Pone en consideración el sociólogo y periodista, la preponderancia del método, cómo éste lleva en muchas ocasiones a querer adaptar la cabeza al sombrero y no al revés, que sería lo más lógico, así argumenta que “el individuo poseedor del método aprende la realidad social a través de la combinación de variables en el modelo formal, superando el momento de la operación científica, se “compromete”, se vuelve a meter en una realidad que por un momento consideró exterior (…) si la realidad no se adecúa al modelo la realidad no existe”.[10] De esta forma el método de las ciencias sociales utilizado en este sentido, en lugar de ayudar a comprender la realidad social, a abordarla, nos aleja de la comprensión de la misma. El método, creado por el hombre, pasa a dominarlo, en lugar de servirle como herramienta, lo constriñe en su construcción, pues el hombre “crea la ciencia, pero ésta una vez puesta en movimiento es dejada por su creador –la situación (teológica, deificada)- moverse libremente en su específica legalidad” .[11]Convirtiéndose así en un instrumento de su propia creación.

Acá podríamos considerar la idea de “recortar” que tanto pregonan algunos “teóricos del método”, recortar para que el objeto sea abordable, recortar más y más, tanto que cuando se llega al nivel de “pequeñez buscado”, el tema a estudiar pasa a ser otro. Lo cual, además de lo desacertado en tanto construcción científica, nos permite preguntarnos, pero los teóricos sociales, incluso los que tanto gustan a estos “teóricos del método”: ¿tienen como objeto de estudio temas tan pequeños?, ¿Hernández Arregui, Arturo Jauretche, Scalabrini Ortíz estudian siguiendo estas prerrogativas del “recorte”?. Ah, ya sabemos, ¡nos dirán que no son científicos, que son para-sociólogos y demás!, pero… de todas formas esas mismas preguntas podemos realizarlas pensando en Marx, Durkheim, Weber, Bourdieu, Foucault, etc. Es la aparición también de las “sociología especiales”, del conocimiento cada vez más particular, “el conocimiento fragmentado de la sociología –existen también sociologías especiales o aplicadas como campos de interés puedan aparecer al sociólogo- resulta de los supuestos señalados y es incompatible con la práctica política del pueblo”[12].

Este tipo de construcción científica tiene la característica, en cierto sentido llamativo, de no ir más allá de lo meramente dado, no modifica nada (probablemente en muchos casos no sea esta su finalidad). Pues “el conocimiento formal es empirismo acrítico, el fetichismo de los hechos inmutables, la creencia de una legalidad exterior a la producción humana de la naturaleza y la sociedad”.[13] No hay en esta construcción integración del conocimiento con la práctica (estos dos polos se encuentran separados), la tarea del cientista social es individual, o solo inserto en la “comunidad científica”, no se encuentra la integración con las luchas nacionales, populares, pero en realidad Carri resalta que la teoría aparece “como la expresión de la conciencia social (…) la ciencia es producto colectivo de la sociedad (…) pero los científicos creen que esos conocimientos son la consecuencia de la aplicación individual de su empirismo”[14]. Esto último nos habilita a otros interrogantes, dado que si esto es así ¿para qué las ciencias sociales?, ¿sociólogos para qué?, ¿cuál es el sentido de una universidad pública que solo realice conocimiento formal, ajeno a las necesidades nacionales, del pueblo?

Resaltamos que consideramos que en la visión del autor de Poder imperialista y liberación nacional, la cual compartimos, no se pretende rechazar “el método” totalmente, pero sí criticar ciertos abordajes científicos en tanto venimos poniendo de relevancia en estas líneas.

Aparece en los seguidores más convencidos del método “la creencia en que la realidad fetiche es la verdadera realidad”.[15] Esta realidad, escindida del cientista social, en tanto poseedor del “método científico” objetivo, aparece como la verdadera realidad. Esta forma fetichizada del conocimiento, es la construcción de teoría considerando “lo social” como una exterioridad que se presenta como lo dado, lo inmutable, que no se puede cambiar, o incidir en que cambie, “el conocimiento formal desconoce su propio soporte fetichista (…) la operación objetiva del conocimiento queda reducida a una mera interiorización individual”[16]. Desde esta perspectiva, no es ésta la tarea del cientista social a-valorativo. Olvidan que los hombres (¡entre los cuales están también los cientistas sociales, aunque a veces parecieran creer que no!) tienen valores, ideología, etc., y no pueden abstraerse de ello por más que lo deseen.

Para finalizar, argumentamos que el meollo en Roberto Carri, es la relación entre la política y laciencia, entre el político y el científico podría decir alguien ajeno a la perspectiva de nuestro autor. Según él mismo, hay una estrecha relación entre estas dos cuestiones, que hacen que sea imposible escindirlas. Lasociología es política, ya sea como sustentadora del statu quo y la dependencia o como parte de la lucha por la liberación nacional. No es en Carri el partir de un modelo teórico abstracto para luego procurar aplicarlo a una realidad externa, sino más bien es el involucramiento en la lucha del pueblo, es la producción de teoríadesde el pueblo, no intentando establecer caminos ajenos a la capacidad creativa de las masas.

Se trata de pasar de la primacía del método a la primacía de la política, rescatar a las ciencias sociales y a la sociología revalorizándolas en su politicidad, en su intención transformadora de las relaciones sociales. Dejar a un lado una sociología que no puede dar respuestas a las necesidades nacionales y del pueblo, que no puede ser parte de un proyecto nacional, de la lucha colectiva. Así, “si la realización, producción, de la nueva sociedad no es una tarea filosófica o científica sino política, el conocimiento del mundo también es tarea política o no es verdadero conocimiento” [17]

 

 

 

 

 

*El autor es Licenciado en Sociología, Universidad de Buenos Aires (UBA) y Profesor de sociología, Universidad de Buenos Aires (UBA)

** Carri, Roberto. (1969). El formalismo en las ciencias sociales (2da. Parte). Antropología - Tercer Mundo. 2, (55-66), página 61. Reedición Facsimilar de la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, página 63.


 

[1] Recalde, Aritz y Recalde Iciar. (2007). Universidad y liberación nacional. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires durante las tres gestiones peronistas 1946-1952, 1952-1955 y 1973-1975. Buenos Aires: Nuevos Tiempos.

[2]  Carri, Roberto. (1969). El formalismo en las ciencias sociales (2da. Parte). Antropología - Tercer Mundo. 2, (55-66), página 57. Reedición Facsimilar de la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, página 59.

[3]   Carri, Roberto. (1970). Pensamiento nacional y sociología anti-nacional. En Touraine, A., Nikolaus, M., Novikov, N. V., Fals Borda, O., Marsal, J. F., Menéndez, E. L., Cárdenas, G. H., Carri, R., Verón, E. Delich, F.. Ciencias sociales: Ideología y realidad nacional (pp. 143-165). Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo, página 160.

[4] Carri, Roberto. (2001). Isidro Velázquez. Formas pre-revolucionarias de la violencia. Buenos Aires: Colihue, página 110.

[5] La elección del mote de bandolero, viene dado porque estos enjuiciaban el accionar de Isidro Velázquez, tratándolo como un simple bandolero, y Carri profundizaba más en el sentido de ver allí una forma pre-revolucionaria de la violencia.

[6] Carri, Roberto. (2001). Op. Cit., página 101 y 104.

[7] Podríamos considerar aquí a Roberto Carri, como parte, y como continuador de las luchas de Hernández Arregui, Arturo Jauretche, Scalabrini Ortíz, etc.

[8] Recalde, Aritz y Recalde Iciar. (2007). Op. Cit., página 104.

[9] Salvi, Valentina. (2000). La ceguera sociológica. Sobre “el formalismo en las ciencias sociales de Roberto Carri., En H. González (Comp.). Historia crítica de la sociología Argentina (pp. 381-386). Buenos Aires: Colihue, página 381.

[10] Carri, Roberto. (1968). El formalismo en las ciencias sociales (1ra. Parte). Antropología - Tercer Mundo. 1, (1-6), página 2. Reedición Facsimilar de la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, página 52.

[11] Carri, Roberto. (1969). Op. Cit., página 56. Reedición Facsimilar, página 58.

[12] Ibídem, página 61. Reedición Facsimilar, página 63.

[13] Carri, Roberto. (1968). Op. Cit., página 3. Reedición Facsimilar, página 53.

[14] Carri, Roberto. (1968b). Un sociólogo de medio pelo. Revista Latinoamericana de Sociología. 1, pp. 127-129, página 127.

[15] Carri, Roberto. (1969). Op. Cit., página 56. Reedición Facsimilar, página 58.

[16] Salvi, Valentina. (2000). Op. Cit., página 383.

[17] Carri, Roberto. (1968). Op. Cit., página 52.

 

 

 

Bibliografía citada

 

Carri, Roberto. (1968). El formalismo en las ciencias sociales (1ra. Parte). Antropología - Tercer Mundo. 1, (1-6). Reedición Facsimilar de la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

 

Carri, Roberto. (1969). El formalismo en las ciencias sociales (2da. Parte). Antropología - Tercer Mundo. 2, (55-66). Reedición Facsimilar de la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

 

Carri, Roberto. (1968b). Un sociólogo de medio pelo. Revista Latinoamericana de Sociología. 1, pp. 127-129.

 

Carri, Roberto. (1970). Pensamiento nacional y sociología anti-nacional. En Touraine, A., Nikolaus, M., Novikov, N. V., Fals Borda, O., Marsal, J. F., Menéndez, E. L., Cárdenas, G. H., Carri, R., Verón, E. Delich, F.. Ciencias sociales: Ideología y realidad nacional (pp. 143-165). Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo.

 

Carri, Roberto. (2001). Isidro Velázquez. Formas pre-revolucionarias de la violencia. Buenos Aires: Colihue.

 

Recalde, Aritz y Recalde Iciar. (2007). Universidad y liberación nacional. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires durante las tres gestiones peronistas 1946-1952, 1952-1955 y 1973-1975. Buenos Aires: Nuevos Tiempos.

 

Salvi, Valentina. (2000). La ceguera sociológica. Sobre “el formalismo en las ciencias sociales de Roberto Carri., En H. González (Comp.). Historia crítica de la sociología Argentina (pp. 381-386). Buenos Aires: Colihue.

El siguiente espacio busca realizar aportes a la construcción de una sociología e historia en clave nacional-popular y Latinoamericana, que contribuya a la liberación nacional

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